Los niños ruidosos, inquietos, emotivos y espontáneos SON SANOS
- 5 oct 2016
- 3 Min. de lectura
UN NIÑO NO NACE PARA estar quieto, ser paciente, no tocar cosas, estar sentado, viendo la televisión, jugando con la tablet o entretenerse por las suyas. Un niño no quiere estar callado todo el tiempo.
ELLOS NECESITAN moverse, explorar, crear aventuras y descubrir el mundo que les rodea.
ELLOS ESTÁN aprendiendo como esponjitas, son jugadores natos, buscadores de tesoros, terremotos en potencia.
ELLOS SON libres, almas puras que buscan volar, no quedarse a un lado, no debemos encadenarlos o ponerle los grilletes.
No los hagamos esclavos de la vida adulta, de las prisas y de la falta de imaginación de sus mayores.
No los apresemos en nuestro mundo de desencanto, potenciemos su capacidad de asombro, garanticémosles una vida emocional, social y cognitiva rica en contenidos, en perfumes de flores, en expresión sensorial, en alegrías y conocimiento.
¿Qué pasa en el cerebro de un niño cuando juega?
Los beneficios que tiene el juego para los niños a todos los niveles (fisiológico, emocional, conductual y de aprendizaje) no es un misterio:
Regula su estado de ánimo y su ansiedad.
Favorece la atención, el aprendizaje y la memoria.
Reduce la tensión neuronal favoreciendo la calma, el bienestar y la felicidad.
Magnifica su motivación física, gracias a lo cual los músculos reaccionan impulsándolos a jugar.
Todo esto favorece un estado óptimo de imaginación y creatividad, ayudándoles a disfrutar de la fantasía que les rodea.
La sociedad ha ido alimentando progresivamente la HiperPaternalidad, que no es mas que la obsesión de los padres porque sus hijos alcancen unas habilidades específicas que garanticen una buena profesión en el futuro. Se nos olvida, como sociedad y como educadores, que los niños no valen por una nota escolar y que al no cejar en nuestro empeño de priorizar los resultados estamos descuidando las habilidades para la vida.
Simplificar la infancia, educar bien
Cada persona es única es algo que solemos decir con frecuencia pero que realmente tenemos poco interiorizado. Esto se refleja en un hecho simple: establecemos una serie de reglas para educar a todos nuestros niños.
Realmente este es un error muy extendido y que no es para nada congruente con lo que creemos tener claro (que cada persona es única). Por lo tanto no es de extrañar que la confluencia de nuestra creencia y nuestra acción resulte conflictiva en la crianza.
Por otro lado, tal y como afirma Kim Payne, profesor y orientador estadounidense, estamos criando a nuestros niños en el exceso de cuatro pilares:
Demasiada información.
Demasiadas cosas.
Demasiadas opciones.
Demasiada velocidad.
¿Qué estamos haciendo con esto?
Estamos impidiéndoles explorar, reflexionar o liberarse de las tensiones que acompañan a la vida cotidiana.
Estamos atiborrándolos de tecnología, de juguetes y de actividades escolares y extra escolares.
Estamos distorsionando la infancia y, lo que es más grave, estamos impidiéndoles jugar y desarrollarse.
En la actualidad los niños pasan menos tiempo al aire libre que la gente que se encuentra en prisión.
¿Por qué? Porque los mantenemos “entretenidos y ocupados” en otras actividades que creemos más necesarias, intentando que se mantengan impolutos y no se manchen de barro. Esto es intolerable y, ante todo, extremadamente preocupante.
Analicemos algunas razones de por qué debemos cambiar esto…
El exceso de higiene aumenta la posibilidad de que los niños desarrollen alergias, tal y como demostró un estudio del hospital de Gotemburgo, en Suecia.
No permitirles disfrutar al aire libre es una tortura que encarcela su potencial creativo y de desarrollo.
Mantenerlos pegados a la pantalla del móvil, de la tablet, del ordenador o de la televisión es altamente perjudicial a nivel fisiológico, emocional, cognitivo y conductual.
Creo que la mayor parte de nosotros ha encontrado ya innumerables razones que justifican que estamos destruyendo la magia de la infancia. Como afirma el educador Francesco Tonucci:
“La experiencia de los niños debería ser el alimento de la escuela: su vida, sus sorpresas y sus descubrimientos. Mi maestro siempre nos hacía vaciar los bolsillos en clase, porque estaban llenos de testigos del mundo exterior: bichos, cuerdas, cromos, boliches… Pues hoy deberíamos hacer lo contrario, pedirle a los niños que muestren lo que llevan en los bolsillos. De esta forma la escuela se abriría a la vida, recibiendo a los niños con sus conocimientos y trabajando alrededor de ellos”.
Esta, sin duda, es una manera mucho más sana de trabajar con ellos, de educarles y de garantizar su éxito. Si en algún momento se nos olvida esto debemos mantener muy presente lo siguiente:
“Si los niños no necesitan meterse urgentemente en la bañera, es que no han jugado lo suficiente“.
Esta es la premisa fundamental de una buena educación.
Fuente: Consejería psicológica









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